LIMBO NUMBER FIVE
Melancolía, fantasmagoría, necropolítica, ansiedad y chascarrillos
Desde hace unos meses vengo atravesando un bache de salud mental. No es la primera vez que un cóctel de circunstancias exógenas y endógenas me coloca en un pasillo tan oscuro, pero este ha venido lleno de ingredientes, como un gintónic de esos de 15€ bastante cargadito. Se me han disparado la tristeza, la ansiedad, el insomnio, la neurosis, la soledad y los abusos. ¿Cómo os lo describiría yo? Creo que preferiría no hacerlo, pero os voy a remitir a una bibliografía recomendada por mi amigo Alfonso: mi vida se extiende ahora mismo entre el sol negro de la Julia Kristeva y los brotes ídem del Eloy Fernández Porta.
Una de las cosas que me ocurren es que no duermo. Igual me torro en el sofá o la cama un rato pero me suele pasar que me despierto a, no sé, las tres de la mañana con los ojos como platos y, si intento quedarme debajo de las mantas un poco más, no poder volver a dormirme me dispara la ansiedad (y viceversa). Es el momento uroboros del día y ese ciclo retroalimenticio no se puede romper fácilmente con medicación de rescate. Hay que levantarse. Cuesta pero lo otro es peor. Hop. Hola. Y ahora qué.
Buena pregunta. Me tomo un café. Vacío y lleno el lavavajillas. Limpio las cajas de las gatas. Hago tiempo, que es uno de mis conceptos favoritos de todo el castellano. Enseguida la cafeína me acelera el discurso interior: anda, gracias, justo lo que necesitaba ahora mismo, querida cafeína. Pero la cafeína no detecta la ironía (he escrito iroína por error y he estado a punto de dejarlo). Le echo comida al perro a ver si quiere desayunar también. Pero no. El perro pasa de desayunar. El perro quiere lo que quiere siempre: pasear. Y a mí no me quedan más opciones. Así que ahí estamos, Rómulo y yo. En ropa de deporte (más o menos). Recorriendo las calles desiertas de Murcia a las 4:30 AM de un martes laboral.
He cumplido cincuenta años, ¿qué puedo esperar de los que me esperan? Atravesamos en silencio los barrios medievales, vacíos y nocturnos como mi propia vida. Hay un correlato bastante objetivo entre los escenarios liminales de nuestros paseos y la policrisis que me estoy comiendo estos días (más bien noches). El espacio en el que se refugian los fantasmas es este y su nombre es limbo. El nombre del espacio, digo. Luego los fantasmas pues cada uno es de su padre y de su madre, obvio.
Si os fijáis en las fotos, la textura del limbo es amniótica, disolvente. Ectoplasma sobre lienzo. Fragmentos de discurso interior cruzan por mi cabeza como nubes malas, entran y salen y no sirven ni para relleno de salchicha neurowurst, pero tampoco dejan de llegar. Nunca liberan el espacio completamente. Estorban y equivalen a mí.
Me da vergüenza, mucha vergüenza, estar así. Autoastenofobia. A veces hay quien me pregunta cómo estás y no lo pregunta del todo por preguntar y yo esquivo la pregunta cual jugador de fútbol americano de esos que corren mucho y se evaden de los placajes y marcan goles o como se llame. ¿Y cómo lo hago, lo de esquivar la pregunta? Las metáforas traídas por los pelos con deportes extravagantes que no conozco de nada ayudan. Desde el pasado octubre he perdido doce kilos, cosa que supongo que está bien. ¿Porque se me ve más atractivo? No, porque la gente pregunta menos, por si acaso.
Otras veces se produce la paradoja de no querer que me pregunten pero que me duela que no me pregunten. Sí, ya lo sé: qué hostia tengo.
Autoastenofobia, qué bonito nombre tienes (no). Vergüenza. Taras que me convierten en un tarao de alto rendimiento. Pues yo te veo muy bien. Gracias. No paras de hacer cosas. Me alegro de que me digas eso. Fui al médico en pos de alguna receta, para no tener que tirar todo el rato de los colegas. En el segundo 47 de la visita ya había marcado ✅✅ a las preguntas ¿está usted teniendo problemas para ir a trabajar? y ¿está usted teniendo pensamientos suicidas? Tras la doble negación dejó en muchos aspectos de escucharme. Cuando le pedí algunos de mis fármacos favoritos se cerró en banda. No, no, usted lo que tiene que haser es vida sana. Deporte. Detox. Unos análisis. Me levanté y me fui. Ya sé lo que va a aparecer, en esos análisis. They tried to make me go to rehab, but I etc etc.
Me gustaría tener alguna foto de mi médico para ponerla por aquí. Es un pavo venezolano quince años más joven que yo, guapetón, fit, moreno, perfumado. La enorme desigualdad de capital erótico (y de capital, a secas, también) flotaba en el aire durante la consulta. Puede que tal vez (aunque esto igual lo está poniendo mi paranoia) un algo político. ¿Me delatan mi barba y mis outfits perrofláuticos a los ojos de mi joven médico de cabecera como un posible marxista fracasao, probablemente chavista, a quien denegar acceso a su farmacología favorita constituye un deber / placer vengativo?
(a esto lo llamo: la santabárbara)
¿Soy un enfermo de verdad? ¿Merezco de verdad una atención, una receta, una derivación a salud mental? ¿O solo estoy intentando trampear el sistema para proveerme de drogas? ¿No tendrá razón mi joven y sexy médico de cabecera al mandarme a hacer deporte y dejarme de gilipolleces? ¿Tengo un problema real si, después de todo, sigo presentándome en el curro y no padezco ideación suicida? De pronto Juan Andrés, sus diagnósticos, sus ideas, es más de verdad que yo. Yo soy un ectoplasma con insomnio. Él -y el Servicio Murciano de Salud, a quien representa- tiene peso, coherencia, se viste por los pies. ¿Yo? A saber.
Hace un par de semanas, en la librería en que trabajo, se presentó un libro autobiográfico sobre la depresión y el suicidio. El autor, con una honestidad brutal que nos emocionó a todos, relató como de pasada que unos meses después de ser trasladado en estado crítico al hospital tras intentar quitarse la vida recibió una abultada factura por el servicio de ambulancia. Él es profe y tiene mutua privada, y la salud mental no está cubierta del todo. Recordé cómo no a mi amigo J. O., a quien tanto quería y quiero, que sí se suicidó hace unos meses: su seguro de vida no cubre la muerte autoinducida. La Generalitat de Catalunya está presionando a sus médicos para que acorten las bajas por depresión y ansiedad (ay catalanes, me temo que habéis sido PSOEd again). La necropolítica empieza por abandonar a los enfermos mentales (bueno, tal vez también a los ancianos de las residencias públicas si pandemia). Puestos a elegir víctimas, empieza con las que tengan menos poder, menos agencia, menos solidez, más ectoplasma. Pero me estoy yendo del tema. ¿Dónde estaba yo? Ah, sí, de caminata. Al final siempre me harto de que el perro me tironee y, para poder llevarlo sin correa, salgo de la ciudad y tiro pa la Huerta.
Luego empieza a amanecer y yo llevo ya tres horas andando y las que me quedan para volver, y ahí es cuando los efectos ansiolíticos de la caminata empiezan a sentirse. Como ansiolítico, las caminatas son una mierda: necesitas una eternidad de patear para que la cosa se pueda empezar a parecer a medio orfidal. Pero bueno, ahí está. La neurosis decelera. El cansancio y el peso de las piernas te ralentizan la respiración, tal vez hasta las pulsaciones. La oscura electricidad del discurso interior se amansa. Se abren claros. Se hace de día. Te das la vuelta, le silbas al perro: Rómulo, vamos pa la casa.
Así que hay un camino de vuelta de todo esto. ¿Hay un camino de vuelta de todo esto?Oigo el sonido extraterrestre de los verderones. Mis amigos dicen algo en el grupo de whatsapp (lo llamamos Deprefest). Me da un calambre en el tobillo izquierdo. Echo de menos leer y escribir poemas, echo de menos salir, el futuro, las pelis, echo de menos tener hambre, a mi hijo, y echo mucho de menos dormir una noche entera. No se sabe si la nostalgia es o no un camino de vuelta a lo perdido. Pero a nosotros, los perros románticos fantasma, es el que nos queda. Lo que pasa es que es un camino circular, como de satélite.
¿Y ahora qué pasará con esta newsletter que tan pocas news y tan demasiadas letters contiene? ¿La borrará mi vergüenza con un rápido ctrl+A > supr? ¿O me atreveré a enviarla? ¿Quién ganará, la autoastenofobia o yo? ¿Acaso somos dos cosas diferentes, en absoluto?








Un abrazo amigo! Creo que tenemos el mismo médico…
No sé qué coño decir… pero te leo, vecino, vecino, estoy.
Iroína, nueva palabra, eres un neo Shakespeare!
Yo puedo dormir aunque el insomnio lo tengo durante el dia. Igual es apatía, en busca de algo de desaliento en este triste momento histórico en el que nos encontramos. Me pasa que me puede pensar que se nos ha acabado la conexión con la emoción como sociedad. Una amiga me dice que es porque tengo la luna en Libra, soy una justiciera se ve.
Mucha fuerza paisano!